Héctor Tajonar / Acentos
DE RMX...
La televisora y el candidato tricolor constituyen un binomio político-electoral
indivisible y, para muchos, invencible. Los concesionarios de la televisión han
pasado de ser soldados del presidente a inventores de presidenciables.
Apreciado Carlos Marín:
He reflexionado acerca de la breve conversación telefónica que sostuvimos la
semana pasada y he tomado la decisión de suspender mi colaboración semanal en
MILENIO Diario. Antes de exponer mis razones, quiero agradecerte el haberme
invitado hace cinco años y medio a colaborar en este diario después de haber
publicado, a solicitud mía y en calidad de columnista invitado, el texto
titulado “¿La rebelión de las masas?”, fechado el 16 de julio de 2006. Desde
entonces he podido expresar con toda libertad mi visión personal, independiente
y crítica acerca del acontecer político nacional. Tu proposición de modificar
esas condiciones me obliga a escribir esta carta de renuncia, con la atenta
solicitud de que sea publicada en el espacio que tuviste a bien asignarme en
Acentos.
Me has pedido que dejara de criticar a Televisa en mi columna, aduciendo que
MILENIO Televisión está asociado con esa empresa para sus transmisiones en
cable. Comprendo que en la actual coyuntura preelectoral mis puntos de vista
puedan resultar disfuncionales para los legítimos intereses empresariales de
esta casa editorial. Sin embargo, sabemos que en el ámbito de los medios de comunicación,
los intereses empresariales se traducen en políticas editoriales. Ello me
impide aceptar tu planteamiento. Permanecer en esas condiciones significaría no
sólo coartar mi libertad de expresión sino convertirme en cómplice pasivo de
una situación política con la cual no comulgo. Ha llegado el momento de
marcharme.
Durante 40 años he estudiado la relación entre el poder político y los medios
de comunicación, en especial la televisión, y como sabes trabajé en Televisa
durante dos décadas. Por tanto, puedo decir sin el menor asomo de vanidad que
cuento con las herramientas teóricas y empíricas para hablar acerca de estos
temas con suficiente conocimiento. Así lo he hecho desde la soledad de mi
escritorio y mi conciencia en este espacio del que hoy me despido.
Ahora más que nunca cobra actualidad la conocida advertencia de Karl Popper: La
televisión se ha convertido en un poder político colosal, el más importante de
todos… Se ha vuelto un poder demasiado grande para la democracia. Ninguna
democracia puede sobrevivir si no se pone fin al abuso de este poder.
Televisa es el ejemplo más claro del abuso de ese poder sin control, su
inocultable vínculo con el candidato del PRI representa una burla a las leyes
electorales del país y el riesgo de un grave retroceso democrático. La
televisora y el candidato tricolor constituyen un binomio político-electoral
indivisible y, para muchos, invencible. Los concesionarios de la televisión han
pasado de ser soldados del presidente a inventores de presidenciables. Por ello,
dejar de criticar a Televisa, como me lo has pedido, equivaldría a dejar de
criticar a Peña Nieto. No puedo aceptar el ejercicio de un periodismo
amordazado.
Interpreto tu exhorto a la autocensura como el resultado de una presión de los
estrategas de Peña Nieto, cuya función primordial es cuidar la imagen pública
del candidato, la cual ha resultado un tanto dañada en días recientes. Entiendo
que les haya incomodado mi texto publicado hace dos semanas en este espacio,
titulado “Los dos Peña Nieto”, en el cual menciono que la popularidad del
personaje está íntimamente vinculada al secreto mejor guardado por el candidato
del PRI: el costo financiero y político de su alianza con Televisa.
Hace seis años, Santiago Creel fue derrotado en la elección interna del PAN por
Felipe Calderón debido a que se dio a conocer que, siendo secretario de
Gobernación, el delfín de Fox intercambió presencia en la pantalla televisiva
por permisos de casas de apuestas para Televisa. Los artífices de esa táctica
son los mismos que se han encargado de diseñar la hasta ahora exitosa
estrategia de comunicación política de Peña Nieto. Es comprensible que la
máxima prioridad de dichos estrategas sea impedir que el fracaso de la alianza
de Televisa con Creel se repita ahora con Peña. Si alguien estorba es preciso
neutralizarlo.
En consecuencia, se ha recurrido al método del PRI de siempre: cooptar o
silenciar. El mismo que usaron antes Echeverría, López Portillo y Salinas.
Surge ahora el neoautoritarismo peñista. El episodio del que soy protagonista
involuntario constituye un grave precedente de lo que tendríamos si el
candidato de la pantalla resultara vencedor en las elecciones del año próximo.
El disenso no debe equipararse con la enemistad. Felicidades…
jueves, 22 de diciembre de 2011
Héctor Tajonar censurado por criticar a Televisa: Sentido adiós a MILENIO...
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TRES PUNTOS
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