Por Juan Carbajal
Rosas
En Yucatán,
durante los dos últimos años el concepto de ciudadanía se ha convertido una
muletilla en los temas y los argumentos de funcionarios gubernamentales y
políticos de diversos signos y colores.
Hoy, ante
la proximidad del futuro proceso electoral del 2012, con el cual se renovaran
la presidencia del gobierno federal, gobierno estatal, los respectivos de los
106 ayuntamientos yucatecos, los congresos local y federal, es recurrente que
en todo discurso político, se mencione, machaconamente y de forma por demás populista
y demagógica, la importancia fundamental de la ciudadanía para proseguir en el
avance y evolución de la sociedad. Es cierto, pero cuando sólo se apela al concepto
de ciudadanía para aderezar y pincelar el discurso como una forma instigadora
del engaño, pierde todo importancia social y política y se convierte en algo
hueco y sin sentido real y concreto.
Así como
en el pasado toda perorata política reclamaba la atención del Pueblo. Luego se
apeló al sentido chovinista de mexicanos y mexicanas, posteriormente los
discursos se dirigieron, de forma por demás machista y discriminatoria para la
mujer, cuando el arenga política era dirigida solo a los ciudadanos. Luego vino
la pachotada de chiquillos y chiquillas, mexicanas y mexicanos; pero en las
últimas fechas es la ciudadanía, el término de moda que utilizan los polític@s para
hacer sentir su cercanía y compromiso con cada uno de los entes sociales.
¿Cuánto
tardará esta moda esnobista? ¿Terminara por ser deshonrada, pervertida y
prostituida, como la palabra Solidaridad,
que se utilizo durante la nefasta administración que encabezo el tristemente
recordado Carlos Salinas de Gortari? Época en que se abuso de este término, hasta
convertirlo en sinónimo de corrupción, barbarie delictiva, ilegalidades gubernamentales,
injusticia, antidemocracia, descomposición política, corrupción, sometimiento,
coacción del voto e impunidad.
Ahora vemos,
en la simplona retorica de los políticos locales, y la consecuente manipulación
y exposición mediática que hacen de este concepto de ciudadanía, desgraciadamente,
al grado de tornarlo, cada vez más vulgar y más corriente.
Con ello restan
la verdadera importancia social y
política que encierra este término de Ciudadanía. La cual por sí misma,
significa una concepción de valorización social, cooperación comunitaria,
reconocimiento de la otredad, compromiso colectivo, responsabilidad común y
solidaridad humanitaria; ejercicio de valores y acciones que por sí mismos encierran
la posibilidad de lograr un buen gobierno que sirva a la gente, obedeciendo y
cumpliendo las demandas ciudadanas, tal y como
lo exigieron l@s miles de yucatec@s que tomaron el Paseo de Montejo y su
prolongación, el pasado 24 de septiembre, con la Cadena de las Glorietas que
protestó y reprobó toda la serie de agravios que han cometido los gobiernos del
estado y del municipio meridano con los violentos y salvajes hechos que ordeno
Angélica Araujo Lara, el pasado 4 de julio, se cometieran en contra de decenas
de ciudadan@s que ejercían su derechos constitucional a protestas y demandar
atención a sus demandas y exigencias de interés colectivo.
A pesar
de esa mezquina tergiversación que hacen los hoy gobernantes, la verdadera
ciudadanía yucateca debe tener claro que el creciente movimiento social que ha iniciado la ciudadanía yucateca, debe buscar
de forma primordial, tanto la equidad, como igualdad, la justicia y las libertades de
los yucatecos, para proseguir conformando un continuo y permanente proceso
democrático.
Es decir,
se debe de buscar, por medio del establecimiento de acciones positivas
institucionales, y de acuerdo a las diferencias que existan, que las
personas obtengan el suficiente grado de
bienestar social, tangible e intangible.
Debe
tener acceso a determinada cantidad de recursos individuales que le permitan
gozar de una calidad de vida aceptable y un nivel de vida digno. Debe gozar del
adecuado reconocimiento social, sean en lo individual o colectivo, que les
permitan vivir en igualdad de condiciones. A la vez, de que se debe establecer
que las personas deberán gozar de las mismas condiciones y oportunidades, sin que medie ningún tipo diferenciación
o discriminación.
Recordemos
que el empoderamiento de la sociedad consiste, en lograr ejercer plenamente sus
derechos fundamentales, establecidos tanto en la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos, como en la Carta Universal de los Derechos Humanos.
Sólo
conociendo cuáles son nuestros derechos y nuestras obligaciones como
ciudadanos, podremos exigir a las autoridades cumplir con sus compromisos
contraídos con la sociedad.
En
principio, la ciudadanía tiene que tener presente en todo momento, que la autoridad, sea federal, estatal o
municipal; del poder ejecutivo, legislativo o judicial, es ante todo un
servidor o servidora pública. Es decir, es un,
o una, empleado o empleada, de cada uno de los yucatecos y por ningún
motivo, de acuerdo a las leyes establecidas, pueden estar por encimas de los
derechos de los ciudadanos.