Por Daniel Higa Alquicira
MÉXICO, D.F.- Wikileaks sigue poniendo al descubierto a personajes poderosos del entorno mexicano, ya que según el cable 06VATICAN61 que envió la embajada de Estados Unidos en el Vaticano, el cardenal Juan Sandoval Íñiguez habría pedido a Francis Rooney, embajador estadounidense en la Santa Sede, que su país hiciera algo por “frenar el avance” de la izquierda en Latinoamérica y señaló al candidato del PRD para las elecciones del 2006, Andrés Manuel López Obrador, como un eventual “peligro” si llegará a ocupar el cargo presidencial.
Esto ya provocó la reacción de la alta jerarquía católica y del propio Sandoval Íñiguez en donde, a través de un comunicado de su oficina, señaló que la información difundida por el cable de Wikileaks es imprecisa, ya que efectivamente sí se reunió con Rooney el 28 marzo del 2006, pero que nunca le pidió su participación para frenar la campaña de López Obrador.
En cualquiera de los dos casos, hay un hecho evidente y es que el cardenal es una figura tan influyente a nivel local, que incluso puede tener relación con el embajador de los Estados Unidos en el Vaticano y tocar temas de la realidad social como cualquier otro personaje de la escena política; y mejor aún, es capaz de hacer un análisis acerca de cómo percibe las cosas según su perspectiva y que en el fondo, coinciden con los lineamientos del país más poderoso y doble moralista del mundo.
Pero hay otro dato relevante en el cable y es el que constituyó el centro de toda argumentación “lógica” del por qué el candidato de la “izquierda” no debía llegar al poder en el 2006. Desde la tan eficiente campaña mediática de nombrar a un candidato “un peligro para México”, la derecha en unión con los jerarcas de la iglesia católica, crearon una polarización social en donde todo era bueno o malo; blanco o negro, o para ponerlo en términos retros onda década de los sesenta: los comunistas y los decentes.
Según cita un párrafo del cable, Sandoval Íñiguez argumentó en descrédito de López Obrador, que en su administración como Jefe de Gobierno del Distrito Federal, "el crimen y la violencia habían aumentado en la ciudad de México". Para hace más de cinco años, esto era una tragedia y la muestra de ser un mal gobernante, ahora en el 2011, el aumento de los muertos y de la violencia es un símbolo de valentía, a pesar de que se vaya perdiendo la “guerra”.
Volviendo la memoria a principios del 2006, “ser un peligro para México” significaba ser un político arrogante, que no escuchaba a nadie más que a él mismo, capaz de ignorar las leyes, las exigencias sociales y las demandas justas de los que no coincidían con sus ideas. Ahora en el 2011, el peligro para México dejó de ser esto y paradójicamente, gran parte de estos defectos se convirtieron en virtudes, ya que ahora la silla presidencial está ocupada por un hombre con prácticamente estas mismas características –con sus matices particulares, evidentemente-.
Así, fue tanto el miedo que causó en muchos sectores de la sociedad la frase “un peligro para México” asociada a la figura de López Obrador, que muchos temían una guerra o una revolución si este hombre ganaba la presidencia. En cambio, se esperaba tranquilidad, prosperidad y empleos con el actual Presidente y para sorpresa de muchos, estamos en una “guerra” que ha costado 40 mil vidas, la tranquilidad de la clase media –esa que tanto denigró las formas del candidato de izquierda- se ha perdido en esta vorágine de balas y las tasas del desempleo son las más altas en muchos años.
Con esto no se pretende echarle toda la culpa a Felipe Calderón y a su administración, pero la sociedad mexicana tiene tan poca memoria que ya se nos olvidó que el argumento de la campaña política feroz y escandalosa utilizada por el PAN, fue precisamente crear un ambiente de miedo por el peligro que corría México con el otro candidato; con el malo de la historia, con el necio y engreído.
Javier Sicilia, en su lucha por obtener un poco de justicia por la muerte de su hijo y alzando la voz de todas aquellas personas que han perdido a sus familiares en esta “lucha”, le pidió a Felipe Calderón que pidiera perdón a la sociedad por todas estas muertes, y efectivamente pidió perdón, pero no por los muertos, sino “por no haber actuado antes”. Esto, hace cinco años hubiera sido el pináculo de la arrogancia, la soberbia y la necedad.
Sin embrago, nadie está diciendo que las cosas con Andrés Manuel López Obrador como presidente hubieran sido mejor, pero lo cierto es que la soberbia con que actúan los gobernantes –llámese como se llame y sea del partido que sea- es abrumadora, ciega y sorda a la realidad de los millones de mexicanos que sufrimos sus decisiones.
El poder crea una gran burbuja en donde sólo ellos tienen la razón, nunca se equivocan y siempre toman las mejore decisiones –apoyados en las mentiras de los asesores y de los aduladores-.
De esta manera, hay que plantearse como sociedad si una sola personas puede ser “un peligro para México”, o en realidad somos nosotros, los millones de mexicanos que tenemos la posibilidad de decidir y exigir, los que nos hemos atemorizado ante la arrogancia y la soberbia con la que actúan los poderosos.
Y tiene razón Javier Sicilia y el mismo Felipe Calderón cuando dicen que somos muchos más los hombres y mujeres buenos en este país, el problema es que no asumimos el poder que nos corresponde.
(Columna semanal del diario digital Internationa Business Time México)