TANGENTE…
Por Oscar Díaz Salazar
Ante mi duda en relación a
la importancia que tuvieron las tarjetas de Monex y Soriana en el triunfo del
Partido Revolucionario Institucional en la elección presidencial, acudí a un
amigo que dedicó casi dos décadas de su vida a la ingeniería electoral (vulgo
mapacheo) a favor del PRI tamaulipeco.
Mi cuate, que ya está
retirado de esos menesteres desde que se quedó sin candidato en vísperas de una
elección de gobernador, me instruyó sobre la importancia en grado superlativo
que Si tuvieron los monederos electrónicos y- o tarjetas de debito en el
resultado a favor de Enrique Peña Nieto.
La explicación que me
ofreció mi asesor experto en maquillaje de resultados electorales, resulta por
demás sencilla cuando la escuchas, a posteriori, cuando ya te ofrecieron los
argumentos y puede ser incluso de muy fácil entendimiento para los priistas,
entrenados en la comprensión de las tareas de apoyo al ciudadano para elegir
correctamente a sus autoridades.
Resulta que desde mucho
tiempo atrás, el instituto político de los tres colores y de la revolución
institucionalizada, ha implementado el trueque de los sufragios por una
gratificación monetaria, en cada ocasión en que se requiere refrendar la
confianza de los electores en las urnas electorales.
La compra de votos, que no
existe, pero es real aunque se esconda con mil y un eufemismos, es una práctica
tan añeja como el instituto político fundado por Plutarco Elías Calles…Lo que
sucedía en el pasado, hasta antes de la elección en la que el PRI postuló al
cachorro copetón de Atlacomulco, es que los votos se canjeaban por dinero en
efectivo, se pagaban con “cash”, para decirlo al estilo del ex presidente
Zedillo.
La ventaja del dinero
contante y sonante, del papel moneda que emite el Banco de México, es que no
queda huella del origen, ni rastro de las transacciones en las que
interviene…La desventaja que por muchos años padecieron los priistas, es que –
al fin priistas de este tipo – el dinero en efectivo, la paca de billetes, la
marmaja nomas no bajaba a los encargados de comprar los votos, y por la tanto
tampoco llegaba a los que estaban dispuestos a venderlos.
La “lana” se iba quedando
en el caminito, a la “bolsa” la iban rasurando conforme bajaba de las cúspides
y de las arcas de los financiadores, a las fuerzas vivas del tricolor.
El monto se iba reduciendo
al paso de los comités de financiamiento a los estados; el billete mermaba al
paso del encargado estatal al distrital o municipal; el cochinito enflacaba al
descender del encargado de distrito a los seccionales y al final no había con
que pagarle a los jefes de manzana para que adquirieran en el mercado de la
miseria, la ignorancia y la necesidad, la mercancía necesaria para perpetuar en
el ejercicio del poder al partido de las mayorías.
Simulación es la palabra
que con frecuencia utilizan los priistas para condenar el atraco que realizan
los encargados de alguna de las fases o escalas del circuito que recorre el
dinero para comprar los ansiados votos.
Pues bien en esta ocasión,
en la elección del 1 de julio del 2012, el partido revolucionario e
institucional, el instituto político de nomenclatura y esencia harto
contradictoria, no fueron víctimas del atraco de sus propios militantes y el
instrumento para evitar la rapiña del sacrosanto dinero destinado a la compra
de votos, fueron nada más y nada menos que los plásticos de Monex y de Soriana,
entre otros.
La lana llegó a donde
debería de llegar…La tentación de embolsarse lo que es ajeno – propia de los
gentes priistas, a criterio de sus detractores – no se presentó porque jamás
tuvieron al alcance de sus manos ni un quinto partido por la mitad.
La ventaja con los
plásticos es que el dinero no se quedó en el camino…La elección la tienen
ganada…La desventaja es que a diferencia del dinero, cash, marmaja, biyuyo o
pesito, con las tarjetas de debito y con los monederos electrónicos si hay
forma de averiguar cuánto, cuando, como, donde y por qué se utilizó ese
dinero…En eso están los seguidores de AMLO.
