EL FILÓSOFO DE GÜÉMEZ…
Por Ramón Durón Ruiz
Dice el genial y agudo escritor, poeta y dramaturgo irlandés Oscar Wilde en El retrato
de Dorian Gray: “Si el hombre de las cavernas hubiera sabido reír, la
historia sería otra”.
Cuando llenos del oficio de la vida, nos atrevemos a
mirar la vida a través del cristal del humor y el amor, nuestra historia diaria
es otra, pues son dos poderes que además de fortalecer el sistema inmunológico,
aquietar nuestros miedos y alejarnos de la soledad, tienen la virtud de elevar
tu autoestima.
Cuántas veces por andar en un mundo al revés, en el
que por viajar a la carrera olvidamos disfrutar el paisaje y damos prioridad a
las cosas que tienen etiqueta, como el dinero, el poder político, olvidamos que
la vida es una fiesta a la que llegamos no para sobrevivir, sino para gozar,
para disfrutar, para ser felices y qué mejor si lo hacemos a través del humor y
del amor –las dos alas que Dios nos regaló pa’ volar en busca de nuestros
sueños–, que nos conducen a encontramos con la grandeza para la que hemos sido
creados.
Son miles las personas que diariamente esperan un
milagro…Quienes lo quieren como un acto espectacular al estilo de Hollywood,
ignoran que los milagros existen, están a su alrededor: el primero es tener la
vida; el segundo, salud; el tercero, poder leer este artículo y otro sinnúmero
de milagros que nos rodean.
Se cuentan por cientos los personajes que han tratado
de desentrañar los mecanismos del humor…Sócrates, Pirandello, Bergson, Freud
entre muchos otros han intentado encontrar ese extraordinario resorte que en
nuestra mente dispara una sonrisa, una carcajada –que generan los químicos de la
felicidad–; todos coinciden en que el condimento indispensable del humor es la
sorpresa.
Para que sea eficiente la sorpresa, el secreto está en
escribir o leer, pronunciar o escuchar el humor…con amor; verás cómo tus
pensamientos y actitudes se tornan poderosos, como por arte de magia elevarás
tu autoestima, será entonces que creerás en un mundo mejor e increíblemente
será formado especialmente para ti…un mundo espectacular.
Cuando tienes la inteligencia de unir el buen sentido
del humor con el amor, te ayudará a “sentirte bien por todo…y por nada”, el
viejo Filósofo sostiene que el HUMOR también CURA…Es precisamente
el humor del mexicano, el que te lleva a reír diariamente de la política y sus
políticos, porque es la manifestación democrática de un pueblo que florece
frente al dramatismo de una alternancia sin resultados satisfactorios.
Para el Filósofo, el humor, además de
ser breve pa’ no aburrir, claro pa’ asentar la
idea, corto pa’ que te aplaudan, sencillo pa’ que se
entienda, perspicaz pa’ que trasluzca el ingenio,
e inesperado pa que se destornillen de risa, tiene varias
características, es desconocido, porque ignoramos su origen, nace de las
entrañas del pueblo como una catarsis colectiva, convirtiéndose en patrimonio
social; es itinerante, porque es como el dinero, es para contarse y al
trasmitirse de boca en boca, se va enriqueciendo con la picardía popular;
es imperecedero, porque no se sabe dónde ni cuándo terminará;
es atemporal, porque rebaza los entretelones del tiempo y del espacio;
es prolífico, porque surge de la fuente inagotable de una vena popular
llena de chispa y perspicacia; es multitemático, porque se ríe de la
muerte, de políticos, curas, gallegos, cornudos, diputados, presidentes o
candidatos, trata a todos con el mismo rasero y es universal, porque
lo mismo se cuenta en el norte, centro o sur de México, que en otras
latitudes…en todos lados lo sienten suyo.
En la universalidad del humor, son muchas las frases o
historias que el colectivo social provee para el Filósofo, igual sucede con la
siguiente anécdota que le adjudican al afamado general revolucionario oaxaqueño
Heliodoro Charis – en mi tierra la asignan al ex gobernador Magdaleno Aguilar.
Se cuenta que en cierta ocasión el General
Charis revisaba la nómina donde aparecían los sueldos de los jefes y
oficiales de su corporación; al finalizar con la sumatoria de las cantidades
anotadas, encontró un “Gran Total”.
Tras examinar varias veces la última línea de la
nómina, el General respingó y reclamó airado al pagador:
-¡A ver!, ¿qué ‘ingaderas son las de esta lista?,
¿tienes favoritismo o mala fe?
Asustado, el pagador escudriñó la nómina con el fin de
percatarse del porqué del encabronamiento y al no encontrar nada fuera de su
sitio, inquirió:-¿Qué encuentra indebido, mi general?
-¿Cómo que qué? ¡Clarito estoy mirando que hay ahí
anotado un cabrón que está ganando mucho más que yo! ¡Acláreme en este
momento…¿quién es ese hijo de su tiznada madre llamado ‘Gran’ y de apellido
‘Total’ que está cobrando más que aquí su general?!
Debido a que el General Charis, hervía de rabia, fue
un tanto difícil para el pagador explicarle que “El Gran Total” era la suma de
los sueldos de toda la nómina.
Al ver lo ocurrido, algunos oficiales que se hallaban
cerca, no pudieron contener la risa socarrona y el general los atajó de
inmediato: -¡Ya cabrones!, ya estuvo bueno de tanto pedo…¡Ah, cómo serán
“dialtiro” cerriles estos canijos! ¿Qué acaso ustedes no tienen nunca una
equivocatura?